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Una de las resistencias más grandes con las que nos podemos encontrar en una organización, en una empresa o con los colaboradores es el no querer cambiar y en su defensa, es una actitud natural normal. Hay una frase interesante que no hace referencia justo a esto, “el cerebro piensa para dejar de pensar”, esto quiere decir que nuestra materia hace un esfuerzo inicial considerable inicial para aprender y crear hábitos para después ponerse en piloto automático y los cambios bruscos en rutinas y trabajo causa estrés en nosotros llevándonos a la negación o hasta el enojo porque algo que ya sabemos hacer o a lo que ya estábamos acostumbrados ha cambiado.

 

Hablamos de combatir un sistema instalado en nuestro cerebro hace millones de años, el cual estaba acostumbrado a los periodos largos y monótonos de tiempo, en los que un cambio real podría no suceder en la vida de una persona. Sin embargo vivimos es una era de cambios constantes y vertiginosos, donde en pocos años, inclusive en meses, nuevas formas de hacer u organizar aparecen y tenemos que recapacitar si estas nuevas opciones son lo que nuestra empresa necesita.

 

A continuación te presentamos unas recomendaciones para que puedas manejar y sensibilizar acerca del cambio en tu empresa:

 

¿Cómo facilito el cambio?

 

Investiga: no todo lo que brilla es oro y también no todo cambio es bueno. Hay empresas que adoptan nuevos cambios fácilmente y ponen a prueba nuevos paradigmas. Si no estás dispuesto a realizar un cambio importante en tu empresa, entérate de quiénes lo han hecho y con qué resultados.

 

Anticipa: vivimos en la edad de la información inmediata, podemos enterarnos lo que ha sucedido al otro lado del mundo con solo abrir nuestro teléfono. Utiliza esta misma herramienta y otras más que sean parecidas para prever que variaciones podría sufrir tu industria.

 

Avisa: dicen que una tragedia avisada en menos trágica, lo mismo sucede con los cambios. Para hacer una transformación en tu empresa es mejor que todos sepan desde antes, esto dará tiempo suficiente para que la gente que se debe preparar lo haga. Es muy importante ser claro en la gravedad y específicos del cambio.

 

Sé gradual: en medida de lo posible realiza tus cambios graduales, podríamos poner el ejemplo de la rana en la olla como ejemplo. Los cambios progresivos son más fáciles de aplicar.

 

Entiende: siempre habrá colaboradores que se mostrarán inconformes con el cambio, inclusive se enojarán o en casos extremos querrán dejar de trabajar en tu empresa. Trata de conciliar con ellos y explica cómo éste cambio podría beneficiar a todos.

 

Los cambios no son fáciles de realizar pero podemos facilitar su adopción aplicando los sencillos pasos que describimos con anterioridad.

 

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